miércoles, 27 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia

Mi encuentro con la docencia ocurrió a la edad de 18 años, en el mismo Plantel donde continúo como docente a la fecha (en mayo pasado cumplí 18 años como docente). En aquellos remotos tiempos inicié como docente del área de música (dentro del programa de actividades extracurriculares que en nuestro subsistema se llaman “paraescolares”. Este ingreso ocurrió debido a que egresaba de un diplomado como técnico cultural por la Universidad Autónoma de Morelos. Simultáneamente, iniciaba mis estudios de la licenciatura en Biología en la Facultad de Ciencias Biológicas de la misma universidad. Así que al recibir la invitación me pareció una experiencia interesante, además de una buena manera de financiar mis estudios de licenciatura. Para abreviar, por el año de 1994, cuando egresaba de la licenciatura, solicité mi incorporación como docente de biología y después de la evaluación correspondiente, fui aceptado y aquí continúo y aún en esa duplicidad de funciones, tanto como docente de música como del área de ciencias naturales en distintas asignaturas.
Me considero docente, que no maestro. Tuve la oportunidad de ir creciendo y madurando prácticamente a la par de mi primera generación de alumnos, así fue naciendo en mí esa convicción del quehacer docente. Creo que el ser docente es una actividad por demás enriquecedora que te permite descubrir nuevas facetas de la humanidad y mantiene tu mente en continuo trabajo. Es una oportunidad de ayudar a los muchachos a descubrir que hay muchas cosas que ellos ya conocen pero no sabían que conocían; y al mismo tiempo, ayudarles a construir sus conocimientos aprendiendo a razonar.
Satisfacciones hay muchas, afortunadamente: desde encontrar a un ex – alumno por la calle y sentir un poco de pena por no recordar su nombre, pero que él si recuerda el tuyo y más aún, recuerda algo de lo compartido en el aula y por añadidura te recuerda con cierto grado de estima, (imagínense, en el principio tuve alumnos de mayor edad que yo), hasta la conversación con otros sobre cómo influimos de manera positiva para ayudarlos a hacer una elección de carrera que los hace muy felices en su presente; solo por mencionar algo.
Contrariedades, también existen, sobre todo, al encontrar a compañeros “chambistas” que no se esfuerzan por elaborar un plan de clase o que aún trabajan con los apuntes que a ellos les dieron sus profesores en otro momento de la vida. De igual forma, a veces resulta un motivo de insatisfacción el no haber empleado la mejor estrategia para un cierto tema y que esto se vea reflejado en un escaso o nulo aprendizaje sobre ese aspecto, teniendo que retomarlo más adelante.
Sin embargo, creo que por eso estamos aquí, para reconstruir nuestro quehacer docente con honestidad, apoyo de los compañeros y con crítica y autocrítica, que solo así seremos mejores personas y docentes.
Un abrazo fraternal a todos

domingo, 24 de mayo de 2009

MI AVENTURA DE SER DOCENTE

Al iniciar nuestro quehacer docente, sobre todo quienes no lo somos por formación profesional sino por convicción; tuvimos la necesidad natural de sustentar nuestra actividad de alguna manera. Creo que esto ocurría en ocasiones tratando de aplicar las estrategias que algún profesor empleó con nosotros y que para nuestro aprendizaje habían resultado exitosas. Es un poco la idea de tener un "profesor modelo". Sin embargo, a medida que el tiempo pasa, la experiencia y los cursos de actualización llegan; y si además aprendemos a detectar nuestros fallos y nuestros aciertos, empezamos a definir nuestra propia identidad docente, que nos permite un mayor éxito en nuestra actividad. Sin embargo, insisto en que nunca debemos conformarnos, debemos procurar ser mejores cada día, no solo porque eso generará mayores satisfacciones personales, sino porque beneficiará a nuestros estudiantes.
Dentro del quehacer docente, considero que la comunicación es la base del mismo; de nada sirve que conozcamos las mas novedosas teorías psicopedagógicas si no contamos con la capacidad de comunicarnos con nuestros estudiantes, si no podemos hacer que ellos encuentren al menos un punto de interés en nuestra asignatura. Por tanto, debemos manejar un lenguaje sencillo y claro, si nuestro lenguaje oral dice una cosa, pero nuestro lenguaje corporal dice otra (me refiero a la seguridad en lo que hacemos, a no tener miedo a reconocer que NO podemos resolver todas las dudas de nuestros alumnos al instante, pero que podemos hacer el compromiso de resolverlas la siguiente clase; somos seres humanos, no máquinas perfectas, de ahí lo fascinante de nuestra actividad). Esa discordancia entre lo que hacemos y lo que decimos la perciben nuestros alumnos y pueden dificultar el proceso de aprendizaje. El convencimiento no significa verborrea barata, sin que a partir de nuestro propio convencimiento, el alumno puede descubrir que aprender es divertido y la oportunidad de una vida más libre y mejor.
Así mismo, creo que puede ser peligroso adoptar posturas mesiánicas en cuanto a nuestro papel docente, porque tal vez nos conduzca a una soberbia que nos ciegue y nos haga creer que las estrategias y herramientas que usamos son las más adecuadas y en realidad terminemos hablando para nosotros mismos sin darnos cuenta de la realidad del grupo que tenemos enfrente.
En lo personal, resulta satisfactorio, más allá de poder transmitir conocimientos, el lograr que los estudiantes empiecen a generar sus propias necesidades de aprendizaje.

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES

De manera general, mis estudiantes se encuentran familiarizados con internet, o al menos con sus funciones elementales tales como: búsqueda de información para trabajos específicos (fundamentalmente a partir de Wikipedia); interacción en redes sociales (tales como Facebook, Hi5, Metroflog, etc.); descarga de archivos de música o video con fines de entretenimiento; o bien para relacionarse en tiempo real mediante distintos programas de mensajería instantánea. De manera particular, existen alumnos que tienen un amplio dominio del ambiente de internet, aquellos que incluso se dedican a la programación y el diseño de páginas web.
Sin embargo, la experiencia me ha permitido notar que en lo concerniente a los trabajos académicos, la mayoría de ellos no buscan con un sentido crítico ni con una claridad de los objetivos que persiguen, sino que se limitan a ejecutar comandos tales como “copiar” y “pegar” de la primera fuente de información que encuentran, para posteriormente imprimir su trabajo que presentarán a clase, en muchas ocasiones incluso sin haber realizado una lectura cuidadosa a la información que permita iniciar la apropiación de la misma.
Es importante entonces aprovechar por un lado el cúmulo de información que pueden los estudiantes encontrar en Internet y por otra parte, apoyarse en los estudiantes más aventajados en el manejo de las computadoras para orientar a aquellos que se encuentran rezagados para lograr construir una nueva experiencia de aprendizaje en ambientes virtuales.
Con mis estudiantes hemos iniciado hace un par de meses la interacción mediante un blog en el cual hay temas que ellos pueden revisar antes de la clase y además existen ahí archivos para descarga y ligas a otras páginas que pueden resultarles de utilidad para la asignatura que cursan conmigo (Biología I), así como la oportunidad de que ellos dejen comentarios o dudas. De la misma forma, les he solicitado trabajos en equipo para su entrega vía correo electrónico, teniendo como un elemento importante que en cada equipo exista un estudiante que sea más aventajado en el manejo de internet para apoyar a los demás con el trabajo (la manera de descargar archivos, adjuntarlos a correos electrónicos, entre otros). Hasta el momento, creo que la estrategia ha funcionado, dado que hay una mayor participación en clase.
La situación sobre ¿dónde lo harán? es lo que se torna más complicada, dado que el plantel no cuenta con un aula de cómputo que esté disponible para que los muchachos acudan a realizar este tipo de trabajos, sino que es en su tiempo libre (en casa o en sitios de internet público) cuando deben apoyarse unos a otros, pero al mismo tiempo es una ventaja, porque aprenden un poco más sobre el valor del trabajo colaborativo y entonces habremos empezado a caminar en la dirección correcta.